Después de la Eucaristía

Oración a San Miguel
 
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo mantenga bajo su imperio; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el poder divino, a Satanás y a los otros espíritus malvados, que andan por el mundo tratando de perder a las almas. Amén.
 
 
Oración de Santo Tomás de Aquino
 
Gracias te doy, Señor santo, Padre to­do­poderoso, Dios eterno, porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura concesión de tu mi­se­ri­cordia, te has dignado alimentarme con el precioso cuerpo y sangre de tu unigénito Hijo mi Señor Jesucristo.
 
Suplícote que esta sagrada comunión no me sea ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón; sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos; aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad, y de todas las virtudes: sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios, y sello de mi muerte dichosa.
 
Ruégote que tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, sa­tis­facción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
 
 
Oración de San Buenaventura
 
Traspasa, dulcísimo Jesús y Señor mío, la médula de mi alma con el suavísimo y sa­lu­da­bi­lísimo dardo de tu amor; con la verdadera, pura y santísima caridad apostólica, a fin de que mi alma desfallezca y se derrita siempre sólo en amarte y en deseo de poseerte: que por ti suspire, y desfallezca por hallarse en los atrios de tu casa; anhele ser desligada del cuerpo para unirse contigo.
 
Haz que mi alma tenga hambre de ti, Pan de los ángeles, alimento de las almas santas, Pan nuestro de cada día, lleno de fuerza de toda dulzura y sabor, y de todo suave deleite.
 
¡Oh Jesús, en quien desean mirar los ángeles!, tenga siempre mi corazón hambre de ti y el interior de mi alma rebose con la dulzura de tu sabor; tenga siempre sed de ti, fuente de vida, manantial de sabiduría y de ciencia, río de luz eterna, torrente de delicias, abundancia de la casa de Dios.
 
Que te desee, te busque, te halle; que a ti vaya y a ti llegue; en ti piense, de ti hable, y todas mis acciones encamine a honra y gloria de tu nombre, con humildad y discreción, con amor y deleite, con facilidad y afecto, con per­se­ve­rancia hasta el fin; para que tú solo seas siempre mi esperanza, toda mi confianza, mi riqueza, mi deleite, mi contento, mi gozo, mi descanso y mi tran­qui­lidad, mi paz, mi suavidad, mi perfume, mi dulzura, mi comida, mi alimento, mi refugio, mi auxilio, mi sabiduría, mi herencia, mi posesión, mi tesoro, en el cual esté siempre fija y firme e in­con­mo­vi­ble­mente arraigada mi alma y mi corazón. Amén.
 
 
Oración universal Atribuida al Papa Clemente XI
 
Creo, Señor, haz que crea con más firmeza; espero, haz que espere con más confianza; amo, haz que ame con más ardor; me arrepiento, haz que tenga mayor dolor.
 
Te adoro como primer principio; te deseo como último fin; te alabo como bienhechor perpetuo; te invoco como defensor propicio.
 
Dirígeme con tu sabiduría, átame con tu justicia, consuélame con tu clemencia, protégeme con tu poder.
 
Te ofrezco, Señor, mis pen­sa­mientos, para que se dirijan a ti; mis palabras, para que hablen de ti; mis obras, para que sean tuyas, mis con­tra­riedades, para que las lleve por ti.
 
Quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras.
 
Señor, te pido que ilumines mi en­ten­di­miento, inflames mi voluntad, limpies mi corazón, santifiques mi alma.
 
Que me aparte de mis pasadas iniquidades, rechace las tentaciones futuras, corrija las malas in­cli­naciones, practique las virtudes necesarias.
 
Concédeme, Dios de bondad, amor a ti, odio a mí, celo por el prójimo y desprecio a lo mundano.
 
Que sepa obedecer a los superiores, ayudar a los inferiores, aconsejar a los amigos y perdonar a los enemigos.
 
Que venza la sensualidad con la mor­ti­fi­cación, la avaricia con la generosidad, la ira con la bondad, la tibieza con la piedad.
 
Hazme prudente en los consejos, constante en los peligros, paciente en las con­tra­riedades, humilde en la prosperidad.
 
Señor, hazme atento en la oración, sobrio en la comida, constante en el trabajo, firme en los propósitos.
 
Que procure tener inocencia interior, modestia exterior, con­ver­sación ejemplar y vida ordenada.
 
Haz que esté atento a dominar mi naturaleza, a fomentar la gracia, servir a tu ley y a obtener la salvación.
 
Que aprenda de ti qué poco es lo terreno, qué grande lo divino, qué breve el tiempo, qué durable lo eterno.
 
Concédeme preparar la muerte, temer el juicio, evitar el infierno y alcanzar el paraíso. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
 
 
A Jesús Crucificado
 
Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas juntamente en mi corazón los sen­ti­mientos de fe, esperanza, caridad, dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con gran amor y compasión, voy con­si­derando tus cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de ti, ¡oh Dios mío!, el santo profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos (Sal. 21,17-18) .
 
 
Alma de Cristo
 
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti.
Para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
 
 
Oración a la Santísima Virgen
 
Oh María, Virgen y Madre Santísima, he recibido a tu Hijo amadísimo, que concebiste en tus inmaculadas entrañas, criándolo y ali­men­tándolo con tu pecho, y lo abrazaste amo­ro­samente.
 
Al mismo que te alegraba contemplar y te llenaba de gozo, te lo presento y te lo ofrezco con amor y humildad para que lo abraces, lo quieras con tu corazón y lo ofrezcas como supremo culto de latría a la Santísima Trinidad, por tu honor y por tu gloria, y por mis necesidades y las de todo el mundo.
 
Te ruego, piadosísima Madre, que me alcances el perdón de todos mis pecados y gracia abundante para servirte desde ahora con mayor fidelidad; y por último, la gracia de la per­se­ve­rancia final, para que pueda alabarle contigo por los siglos de los siglos. Amén.
 
 
Oración a San José
 
Custodio y padre de vírgenes San José, a cuya fiel custodia fueron en­co­men­dadas la misma inocencia Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María: por estas dos que­ri­dísimas prendas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
 
 
Cántico de los tres jóvenes
 
Antífona: Cantemos el himno de los tres jóvenes, el que los santos cantaban en el horno encendido alabando al Señor (T. P. Aleluya)

 

1. Bendecid al Señor, todas las obras del Señor; alabadle y ensalzadle por siempre.
2. Bendecid, cielos, al Señor, bendecid al Señor, ángeles del Señor.
3. Bendecid al Señor todas las aguas que hay sobre los cielos; bendiga todo poder al Señor.
4. Bendecid al Señor, sol y luna; estrellas del cielo, bendecid al Señor.
5. Bendecid al Señor, toda la lluvia y el rocío; todos los vientos, bendecid al Señor.
6. Bendecid al Señor, el fuego y el calor; frío y calor, bendecid al Señor.
7. Bendecid al Señor, rocíos y escarchas; hielo y frío, bendecid al Señor.
8. Bendecid al Señor, hielos y nieves; noches y días, bendecid al Señor.
9. Bendecid al Señor, luz y tinieblas; rayos y nubes, bendecid al Señor.
10. Bendiga la tierra al Señor; alábele y ensálcele para siempre.
11. Bendecid al Señor, montes y collados; todas las cosas que germinan en la tierra, bendecid al Señor.
12. Bendecid al Señor, mares y ríos; fuentes, bendecid al Señor.
13. Bendecid al Señor, ballenas y todo lo que vive en el mar; todas las aves del cielo, bendecid al Señor.
14. Bendecid al Señor, todos los animales y ganados; bendecid, hijos de los hombres, al Señor.
15. Bendice, Israel al Señor; alabadle y ensalzadle por siempre.
16. Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor; bendecid al Señor, siervos del Señor.
17. Bendecid al Señor, espíritus y almas de los justos; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
18. Bendecid al Señor, Ananías, Azarías y Misael; alabadle y ensalzadle para siempre.
19. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo; alabémosle y en­sal­cémosle para siempre.
20. Bendito eres en el firmamento del cielo, y loable y glorioso por siempre.
 
Aquí no se dice Gloria, ni Amén.
 

 

Salmo 150

1. Alabad al Señor en su santuario; alabadle en su augusto firmamento.

2. Alabadle por sus grandiosas obras; alabadle por su inmensa majestad.

3. Alabadle con sones de trompetas; alabadle con salterio y cítara.

4. Alabadle tañendo tímpanos y cantando a coro; alabadle con ins­tru­mentos de cuerda y voces de órgano.

5. Alabadle con címbalos resonantes, alabadle con címbalos de alegría: todo espíritu alabe al Señor.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 
Antífona: Cantemos el himno de los tres jóvenes, el que los santos cantaban en el horno encendido alabando al Señor (T. P. Aleluya)
 
Todos se ponen de pie y quien dirige el rezo dice:
 
V/. Señor, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
 
Padre nuestro.
 
V/. Que te alaben, Señor, todas tus obras.
R/. Y que tus santos te bendigan.
V/. Se regocijarán los santos en la gloria.
R/. Y se alegrarán en sus moradas.
V/. No a nosotros, Señor, no a nosotros.
R/. Sino a tu nombre da la gloria.
V/. Señor, escucha mi oración.
R/. Y llegue a ti mi clamor.
 
Los sacerdotes añaden:
 
V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
 

Oh Dios, que mitigaste las llamas del fuego para los tres jóvenes, concédenos be­nig­na­mente a tus siervos que no nos abrase la llama de los vicios.

Te rogamos, Señor, que prevengas nuestras acciones con tu inspiración y que las acompañes con tu ayuda, para que así toda nuestra oración y obra comience siempre en ti, y por ti se concluya.

Danos Señor, te pedimos, poder apagar las llamas de nuestros vicios. Tú que le concediste a san Lorenzo vencer el fuego que le atormentaba. Por Cristo nuestro Señor.

R/. Amén.

 

 

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